Thursday, March 06, 2008

Sociedad de dientes afilados






















A veces camino en la oscuridad y me desespera saber que voy a encontrar una luz, o que voy a seguir perdido.
A veces estoy rodeado de enjambres grises y sin rostro, y me desespera no conocer a nadie, o que alguien me reconozca.
A veces no quiero que se haga día, y me desespero en la ventana, con el primer rayo de luz, tiemblo.
A veces no me parezco a mi mismo. Y cuando es lo contrario, me culpo, y no me contemplo ni me importo.
A veces no es a veces, es seguido y me enloquece.








Friday, August 10, 2007

Chile, Chile, Chile, pero los ...























Que simple se me hace la vida. De una simpleza espeluznante. Realmente empiezo a preguntarme si el aburrimiento mata. Así como van las cosas, y si no fuera por el instinto de vida, que no me acuerdo como cresta le decía Freud, ya me habría ido a hueviar a otro lado. Esto es verdaderamente una mierda, aunque mucha gente opina que “el que quiere se aburre”, pero yo creo que es imposible no aburrirse viendo a tanto personaje enfermo de aburrido. Bueno no es tan así, la verdad es que lo que me aburre es ver a la monada preocupada de tanta estupidez. ¡mierda! Ya entendí, me aburre ver como se entretienen otros con huevas tan aburridas para mi, pero tan interesantes para ellos. Entonces yo estoy mal o ¿o no? Si pues, resulta que el hueón inadaptado soy yo. No me vengan con huevas, estar preocupado de la vida de otros pobres hueones te hace indefectiblemente transformarte en un pobre y triste hueón, y le apellido triste para hacer la diferencia con los otros giles. No se en que sentido, pero la mina con la que trabajo babea viendo programas de mierda que son (valga la redundancia) una soberana mierda. No quiero ser grosero, pero las huevas hay que llamarlas por su nombre. Yo sinceramente prefiero ver, antes que esas cosas, a los hueones de sotana que salen en el canal 13 loco. Cacha la huevá que estoy diciendo (lorea lo que dije). Por último podi descalificar al curita mientras habla (cura culiao piante) o cosas así, discutirle por ejemplo (aunque no te escuche) acerca del misterio de la reencarnación y hueas, etc.
Así como van las cosas, estoy pensando seriamente en ponerme a conversar con los testigos de Jehová, en vez de mandarlos gentilmente a la mierda. Así como van las cosas en cualquier momento me piteo la tele, aunque ni cagando voy a hacer eso, lo se. La tele no tiene la culpa, la culpa la tiene el hueón del control remoto ¿o no?

Este es el alud que todo lo arrasa flaco. Esta es la revolución de la estupidez, que se levanta sin banderas, y tiene más adeptos que la iglesia católica, con la diferencia de que la monada ni siquiera sabe donde cresta esta parada. Y que tiene más fuerza que el concepto de unión que tanto repetía Hitler, y que termina siendo una idea sumamente avasalladora. Pero filo con la hueá amiguito. Ahora, y a propósito de Hitler, voy a hablar de los neo-Nazis, ¿quiénes son esos hueones?. Eso con los Neo-nazis. Ahora hablaré del matrimonio. El otro día espié una conversación en la micro entre dos hombres que decía más o menos así: “Oye hueón supe que te casai”, “si pues, me caso”. “¡Ah! ¿y contra quien?” Eso con el matrimonio.

Y termino citando pulentamente a Armando Uribe en una entrevista:

Bueno, pasemos a otro tema, ¡MALO!, ¡NO HAY OTRO!, acabo de mundo es este, acabamiento y acabóse.



Saturday, July 28, 2007

Finito

Y al fin pude deshacerme del famoso artefacto
del famoso artilugio
¿querí ser diferente?
Parecía decirme
Te vas y te vas
Se fue volando por los aires
Y fue a caer al mar de caleta abarca.
Todo esto ante una atónita mirada femenina, cuyos ojos lucían complacidos.
Sentí un dolor en el brazo izquierdo.
Me lesioné. Ya no me dará cáncer, pero me quedará un leve dolor
Leve y mínimo, que ni siquiera suscitará nostalgias, ni recuerdos.

Tuesday, July 24, 2007

Viva Kafka




K. se quedó mirando fijamente al inspector. ¿Es que ese hombre, tal vez más joven que él, le daba lecciones como si estuvieran en la escuela? ¿Se castigaba su franqueza con una reprimenda? ¿Y es que no le diría nada acerca del motivo del arresto y de la autoridad que lo había ordenado? Llegó a sentirse algo irritado; se paseó de arriba abajo por la habitación, cosa que nadie le impidió hacer, se arregló los puños de la camisa, se pasó la mano por el pecho, se alisó el pelo y, aproximándose a los tres señores, dijo:
-Esto no tiene el menor sentido.

Fragmento de "El Proceso"
Franz Kafka

¿En qué estado debe encontrarse un hombre para aceptar condiciones inaceptables? ¿Es su estado interior ( del protagonista de la novela) el que puede extrañar a más de un lector por su aparente resignación ante semejante absurdo? ¿Quién se revela ante quien? ¿El sistema al hombre? ¿O viceversa? Parece una broma de mal gusto según cree en algún momento K. Pero no parece un pensamiento demasiado lejos de la realidad, porque la comedia dura un año, y los personajes que debe abordar K representan cada uno su parte hasta el final. Dos hombres lo asesinan a las afueras de la ciudad. El protagonista piensa (justo un año después de su detención, cuando le van a buscar estos hombres) que le han invitado al teatro, y más aún todavía K viste un traje de etiqueta, como quien va al teatro un día de semana. Camina con ellos por calles oscuras, sin destino aparente, los hombres le llevan casi en andas, la apariencia de los tres hombres, K entre ellos, parece una compacta unidad. Los hombres pretenden integrarlo en el final a la comedia, pero el protagonista está tan agobiado por la culpa, que jamás reconocerá su condición de detenido, sus reacciones ante aquella justicia serán siempre las reacciones de un hombre libre al final de cuentas. Esto parece ser su verdadera condena, da la impresión como si lo que le ocurre al final es sólo un adorno de la historia, el momento más significativo parece ser cuando le notifican su arresto. Aquí me parece está la condena de K.




Y es que es tal la inercia que tiene el sistema, que el hombre en cualquier época sucumbe indefectiblemente. Intenta protegerse en una burbuja, parapetarse de las influencias nefastas de su propio ambiente, de sus propios compatriotas, etc. No hay nada más triste que ver cómo la sociedad intenta quedarse con un trozo de carne del músico, del poeta, del escritor, del pintor, etc., y poner aquellos pedazos en un museo, en una exhibición, como si fueran trofeos. En el fondo es la sociedad que no puede con su culpa, y cuando ve hombres que brillan con luz propia, no duda en caerles encima como aves de rapiña, y acabar con lo más preciado que tenían. Esto me trae a la mente una conferencia dictada por Oscar Wilde en una Universidad Inglesa, en donde afirma que nunca ha existido un pueblo de artistas, ni siquiera un pueble que ame a sus artistas. En Kafka, y mediante sus atormentados personajes, se refleja la incomprensión absoluta del hombre hacia el hombre. La búsqueda de estímulos del apoderado K en la religión, en las mujeres, en sus parientes, se torna un forcejeo continuo entre su mente y su forma de actuar, la cual es en reiteradas oportunidades censurada por los seres más cercanos a K. Nadie parece ver el absurdo de su situación. Estúpidamente el tío que le visita del campo en ningún momento se hace las preguntas que se hace K respecto a esa justicia, sino al contrario se dedica a atormentar a K enseñándole una carta de otro pariente al cual K, no le ha escrito en meses. Así queda claro como demuestra Kafka en su libro, que el hombre está solo siempre, la incomprensión crónica del resto de la gente le acompañará en todo el trayecto de la novela, y finalmente morirá como lo dicen las últimas palabras de K.

Pero las manos de uno de los señores cogieron la garganta de K, mientras el otro le hundía profundamente en el corazón el cuchillo y luego lo hacía girar dos veces. Con los ojos vidriosos alcanzó K, aún a ver cómo los señores, manteniéndose muy cerca ante su rostro y apoyándose mejilla contra mejilla, observaban el desenlace.
-¡Cómo un perro! – dijo; era como si la vergüenza hubiese de sobrevivirle.

Fragmento de "El Proceso"
Franz Kafka

Antes de morir K, cree que vendrá en su ayuda una mujer que abre una ventana en la noche, pero ella no es más que un espectador de su muerte. Es ese el fin que pretende darle Kafka a esa mujer en aquella parte de la novela. K, sabe lo que viene, y no opone ni la más mínima resistencia ¿por qué?. Pues porque su muerte es el descanso pleno, la meta, el telos del artista atormentado. Cuando la única salida es la muerte o el suicidio, pueden verse los efectos del mundo que rodea al artista. Morir es algo que implícitamente busca K, así se justifica su resignación ante tal absurdo, porque aceptar un destino tan fatal, se convierte en una liberación para el hombre precisamente de esa misma fatalidad. Su muerte refleja tristemente su liberación, así como la paradoja de transformarse a sí mismo en el actor central de una comedia, que cuando acaba, cuando cae el telón, dejará al público con una sonrisa crispada. No puedo dejar de mencionar que La Metamorfosis en el comienzo parece una comedia, destinada a hacer reír al público, y acaba finalmente como una de las metáforas más bien logradas de la literatura universal, en palabras de Max Brod, su amigo y editor póstumo.

Monday, July 23, 2007

Tan complicados los simples mortales y tan facil saber que se traen entre manos.






En Departamental con Santa Rosa hay un poste sin farol. Yo lo he visto, está apagado. En general ese cruce siempre ha tenido mala iluminación, como si se resistiera al paso del tiempo. La locomoción que pasa por ahí no se ha percatado de aquel poste sin farol. Todos van apretados como sardinas, pensando en sus vidas, o pensando quizás que. Yo he visto sus rostros, no me dicen nada, no miran hacia arriba, hacia las estrellas, todos ríen de tristeza. Yo mismo me he sorprendido escrutando el horizonte más allá de las casas. He visto el follaje de algunos arboles y el camino al trabajo se ha hecho más soportable. Luego me preocupo, me siento de otro planeta, como si hubiera matado a alguien, como si quisiera acabar con mi propia especie. ¡Que lastre es la conciencia! Y, sin embargo, ahí está el poste, sin farol, más triste que el reflejo de la gente en los vidrios de una micro iluminada, pero muerta de ocupantes. Día a día con la mirada busco desesperadamente un transeúnte que note la ausencia de luz, que note el poste sin luz, que note como ruedan gotas de agua por sus lados, que note cómo suplica ayuda, solitario en las alturas, en la penumbra absoluta, recibiendo vientos escarchados y cortantes, recibiendo miradas de olvido. Cada día que le veo pienso que nos domina a todos, que es posible que se sienta superior, magno, indiferente, pero a oscuras, (salvo excepciones), la mayoría de la gente es infeliz.
Hoy nuevamente pasé por ahí. Vi las calles iluminadas, vi a una mujer con su hija atravesar la calle, vi gente a mí alrededor feliz, vi la micro iluminada, vi las calles resplandecer una luz blanca. Levanté la vista hacia aquel poste, que me sonrió de un modo significativo, como despidiéndose de aquellas calles. Y finalmente me vi a mi mismo descendiendo de la micro, y perdiéndome en las regiones más oscuras de las calles de mi corazón. Una cosa si es cierta, en Departamental con Santa Rosa hay un poste que no brillará nunca más.

Thursday, April 19, 2007

Apología al Micrograma

Sentado en un banco de la plaza, inmóvil, absorto, con la mira perdida en un punto indeterminado, buscando la desaparición, el desvanecimiento, la expulsión. Sintiéndose disidente, describe la plaza y sus alrededores de una manera lógica, increíblemente descriptiva, evitando cualquier clase de metáfora, de adorno innecesario. Su tentativa comienza más o menos… La plaza es cuadrada, consta de diez arboles con sus respectivas tazas. Doce niños juegan en ella. Cuatro de ellos se balancean, dos se deslizan por un refalín, los cuatro restantes no alcanzan la edad para jugar y miran desde sus coches, que a su vez están acompañados de cuatro mujeres, tres de traje azul y una de traje rojo. Acercando la vista hacia sí, hacia el suelo, ve dibujada una colilla de cigarro, una moneda que brilla, que perfectamente puede ser el envoltorio de un chicle, bajo un fondo gris de arena fina. Levanta la vista, entre el follaje de los arboles se cuelan rayos solares amarillos y verdes, que manchan la plaza de luz en distintos y aleatorios lugares, todo de acuerdo a los movimientos de nubes gruesas y blancas que cubren y descubren al gran astro. No pueden olvidarse los movimientos de la tierra, que descalibran las luces solares de acuerdo al movimiento de rotación y traslación. A ratos se aprecia el cielo, a ratos desaparece. "Es así mi vida" piensa. A ratos inserta, a ratos excluida. Vuelve a la descripción de la plaza, y piensa que en algo tan simple es posible encontrar oculta la belleza de lo aparente, así como también está convencido de la belleza de la infelicidad. Ahora el convencimiento de creerlo no es en absoluto lo mismo del convencimiento de llevarlo a la práctica. Walser es sin duda el único que lo creyó y lo ejercitó. La plaza intenta decirle algo, el cuadro de la plazita ahora esta un poco borroso, le da a entender que los cambios no operan en ella, sino en él. "Estoy llorando" se dice a sí mismo. Los colores se desdibujan, los arboles chorrean por las mejillas, los niños no se deciden a caer al barranco de sus labios. Levanta la vista y corrige el paisaje, intentando no ser influencia de ningún tipo en el ambiente, buscando no incidir en lo más mínimo en las huellas continuas del paisaje. Y continúa… las hojas caen al suelo y van a parar a las tazas de los arboles. Un niño se ha interesado en un grupo de hojas que se arremolinan en el costado izquierdo de la plaza. Con el rabillo del ojo mira al niño que corre tambaleante y aparentemente indeciso. Si asistiera yo también a esa escena diría que la indecisión aparente se torna un desafío fácil de alcanzar, sin que ello constituya una arista que moldeará el carácter del infante, pero que sin duda en su madre despertará un soberbio orgullo. Y continúa… de pronto el niño se ha fijado en mí, intento ser una estatua de sal, una figura inanimada del paisaje, un recuerdo perdido, "un recuerdo que raya en las fronteras del olvido" diría Walser. Ahora el sol acapara la plaza, las figuras se aclaran, mi mente se nubla, se pierde en una oscuridad voluptuosa, que me da un respiro y que deseo que me conduzca a la desaparición, como la de Walser, o como la de Vila-Matas, de quien leí que la oscuridad y la penumbra siempre le dijo más que lo soleado.

Sunday, April 15, 2007

Sueños

Anoche soñé que me asaltaban. Un largo cuchillo brillante y filoso, aparentemente sin mango, aparecía saludando entre las ropas de mi atacante. Un largo corte superficial a modo de castigo por no llevar ni un peso encima, ni reloj, ni celular, trazó una línea perfecta en mi brazo, que luego chorreó un hilo de sangre. Mientras le veía alejarse al hombre, soñaba, que pensaba, que me acordaba, la forma infame de morir del apoderado Josef K. en El proceso.
Hoy en la mañana esperaba pacientemente la micro. De pronto me quedé absorto en una piedra grande que descansaba en uno de los asientos del paradero. La tomé y esperé escrutando todas las bocacalles que confluían hacia donde yo estaba. Sentí una mano en mi espalda, el corazón me dio un vuelco. Desperté sudando en mi cama, con el control remoto en la mano. Oí una voz que me decía: Son las 6 A.M.